BRUTAL no es un nombre de mermeladas

Poner nombres no es nada fácil, ni siquiera a una marca de chutneys y mermeladas. Por mucho que te esfuerces, no hallarás un nombre que encandile a todo el mundo. Mirad a los millones de madres y padres devanándose los sesos para buscar uno que ejemplifique, simbolice, ilustre, represente, demuestre, signifique todo el compendio de atributos de su preciosísimo retoño. Todo para que, al final, siempre haya alguien que diga: ‘¿Pero ese es nombre de niña?’. O de niño o español o cristiano o hebreo… da igual, va a ser su manera de mostrar su disconformidad. O su perplejidad.

 

The Jam Session. La precuela.

BRUTAL ni siquiera fue el primer nombre que barajé. De hecho, durante mucho tiempo este proyecto se llamó The Jam Session. La razón es que nunca pretendí hacer mermeladas ‘puras’, siempre me interesó ‘cocinar’ la fruta, especiarla, irle añadiendo notas de olor y sabor según me iba ‘sonando’. Como nunca he sido demasiado ortodoxa en la cocina, ese nombre definía bastante bien esa (cuidada, eso sí) improvisación.

Pero tanto encajar las piezas y darle mil vueltas a las cosas, acabó con The Jam Session: alguien había registrado marca y dominio en Rumanía ¡sólo un mes antes! ¡Ja! ¡Toma moraleja en toda la cara!

Bueno, voy a ser sincera: no sólo acabaron con él desde Rumanía. Yo un poquito deseaba que algo me hiciera cambiar de opinión, un nuevo nombre o una iluminación divina que me hiciera ver claro. En mi fuero interno, el nombrecito empezaba a sonarme plasticoso. ¿No os pasa un poco con los nombres en inglés? Al principio tienen su cosa, pero al cabo de un tiempo, si no son la bomba o les tienes mucho cariño, son como esa gente que hay supermegaenrollada que no saber por qué no te termina de encajar. Vamos, que me falta un poco de naturalidad. Lo malo es que no tenía una alternativa a mano, y cuando quieres lanzar algo, te molesta que poner nombre lo frene todo. ¿Te imaginas andar con la niña en brazos y solo poder presentarlo como… ‘niña’?

BRUTAL no es un nombre de mermeladas

En esos agobios andaba cuando, por casualidad, alguien le puso nombre por mí:

Resulta que un día preparé el Chutney de Piña y Habanero y los chicos de KITCHEN154 quisieron probarlo en el mercado de Vallehermoso.

 

La unión con Kitchen154 me había traído ya muchas cosas buenas, pero entre ellas, me había ayudado a definir mucho mi línea de productos. No sólo por el picante, sino por los sabores genuinos, contundentes, sin miedos ni complejos. ¿Si ellos no temían no gustarle a todo el mundo, apostando por el picante, por qué iba a tenerlo yo? A las mermeladas que planteaba con The Jam Session, le sumé entonces los chutneys, un tipo de mermelada especiada asumida ampliamente en otros países pero que aquí prácticamente se desconoce. En fin, que dio la casualidad que el día en cuestión, El Cocinillas de El Español pasó por allí con ánimo de escribir qué le parecía la #tascanigastronipollas. Al día siguiente (o días después, no recuerdo) me enviaron la crónica. Y allí estaba, en una línea escondida: Mi primera crítica (extra)oficial chispas.

Ni qué decir tiene que el cachondeo de amigos y familia con lo de ‘Brutal’, tuvo su efecto: decidí que ya tenía nombre. Era categórico, persuasivo, descriptivo, no era ñoño, no era el típico nombre que esperas de una mermelada (that’s good), y estaba en español (y en inglés, ¡toma 2×1!).

¿Termina aquí la historia? ¿Así sin más? Sí, amigas, a veces te rompes la cabeza y no das con la solución, y otras veces la solución te explota en la cabeza. En cuestión de días le puse los apellidos (Terrific Jams) para evitar problemas y registré el nombre.

Y la criatura, por cierto, parece que responde por él 😉

 

 

 

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    • No products in the cart.